6 FUNDAMENTOS  BÍBLICOS  EN  LA  GÉNESIS   DEL  ROSTRO ROMÁNICO


  LA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS.

El hombre  románico percibe la imagen del mundo como unidad,  en su aspecto cualitativo, a diferencia del hombre actual  que la  percibe como suma de fenómenos. La  relación  que   establecer    el   medieval  entre representación   y representado, entre una imagen de Dios. Se encuentra en el mismo cielo cuando está  en  el templo, que  recibe  la  luz  de  Oriente,  lugar  donde  nace el sol-divinidad,  donde los textos sagrados y el entorno le confirman la  experiencia corporal  se  estar en  paz con todo el  cosmos.[1]  El románico  es  capaz de  plasmar en imágenes la palabra de Dios,  con poder para iluminar con su luz la  mente de los  cristianos de su  época. Ello hasido  posible  mediante  una  lenta   interiorización  de aquella  palabra,  una elaboración mental,  de la que hansurgido las imágenes.

1.3.2.-DOS  FORMAS DE VER A DIOS:  ANTES  Y DESPUÉS DE CRISTO.

La Biblia fue la fuente donde bebieron los imagineros, los  artistas,   en   general,   que   nos   legaron  las representaciones medievales de la figura  humana. Mas una lectura extrapolada de  la misma  presenta m s argumentos en  contra   que  a favor de  dichas representaciones. El primer  argumento  para  justificar  la  oposición  a una representación  matérica de la  gloria de Dios,  lo da élmismo.  Parece que las razones negativas  vienen dadas, a priori,   por   los   textos   veterotestamentarios,  más abundantes  que  los   del  Nuevo  Testamento;   de  éste proceden,   de   hecho,   los  motivos   que   apoyan  la representación  de  la  figura  como   imagen  de   Dios.

Depender  de la interpretación que de sus  textos se haga para que,  afectos y  contrarios   a  tal representación, encuentren apoyo a sus respectivos puntos de vista.[2]

Son los mismos   profetas quienes hablan a uno  y otro pueblo.  Los escritores  sagrados han bebido de  la misma fuente que alimentó a  los israelitas.  Para ellos Dios se manifiesta plenamente por  medio de la sabiduría  que “es un hálito  del poder de  Dios,  una emanación  pura de la gloria del Omnipotente,  por lo que nada manchado llega a alcanzarla.

Pero  la  imagen  más cercana semejante a  Dios  es el propio hombre,  ya que en el primer  capítulo del Génesis así se  expresa.  Conocer  el  sitio  que  le corresponde ocupar en la escala cósmica es el problema  que la Biblia intenta  mostrar  al   humano,   cosa  que  no  se  logra felizmente en el ámbito del Antiguo Testamento  y  de ahí la  prohibición  divina  a  ser  representado;  habrá que esperar al Nuevo Testamento para que ello sea  posible.[3]

La ausencia de rostros humanos en  las manifestaciones simbólicas judías es evidente por ejemplo en  pinturas  y mosaicos[4] en donde aparecen animales, plantas y  objetos como el candelabro de los siete brazos, manifestación más cercana,  junto con el  arca  de  la  presencia divina de Yahveh.  El judío ortodoxo  ha asimilado  la enseñanza de Moisés:  “Maldito el hombre que haga un ídolo esculpido o fundido, abominación de Yahveh, obra de mano de artífice, y lo coloque en un lugar secreto.- Y todo el pueblo dirá: Amén.”  (Deut.  27, 15). “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo  que hay arriba  en los cielos,  ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.” (Ex. 20, 4).

candelabros

Las  imágenes  por  las  que  quiere,  en  un  momento determinado,  ser reconocido, son escogidas por Él mismo, como hemos visto en el caso de la  columna de  nube y que podemos leer en  (Deut. 4, 9-28) donde se hace visible en toda su  exigencia.  Él  se reveló hablando  en medio del fuego  entre tinieblas de  nube y denso  humo. La alianza que  hizo  con su  pueblo  la  manifestó a Moisés  en dos piedras  donde quedó grabada en forma de decálogo.  En la ciudad santa de Jerusalén,  el templo,  hecho de piedras, es el lugar donde se va a manifestar Yahveh;  el altar de los  sacrificios,  hecho de  piedras sin labrar,  ser  el lugar sagrado  desde donde se  comunicarán los israelitas con  Dios.  Ese  ser  el primer  lugar,  la cabeza. En el Apocalipsis de Juan la Nueva Jerusalén es el templo de la presencia divina y así lo han representado los  Beatos, y las pinturas de las iglesias románicas[5]

apocalipsis4“Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb en  medio del fuego,  no vayáis a pervertiros  y os hagáis  alguna escultura  de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la  tierra,  figura de alguna de  las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo,  figura de alguna de los  peces que hay en las aguas debajo de la tierra. Cuando levantes los ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo  el  ejército  de  los cielos,  no vayas a dejarte seducir y  te  postres  ante  ellos  para  darles culto.” (Deut. 4, 15-19). El pueblo israelita se dejó seducir por la idolatría, imitando la cultura pagana de la que habían aprendido cuanto sabían, y se construyó un becerro de oro para   representar al dios que lo sacó de Egipto.

gran dragón

Todo el capítulo 32 del Éxodo está  dedicado a explicar este hecho clave en la historia del  pueblo escogido.  Es el relato  de  un  nuevo  “pecado  original”  de  todo un pueblo.  Dios se muestra celoso, al estilo humano, de las representaciones que se  le  atribuyen y  no  permite que ninguna imagen sea la  representación de su  rostro. El se encargar  de diseñarla poco  a poco,  ya que su verdadera imagen no va a ser un  trozo de  metal sino  una persona: Cristo.  Desconfían los israelitas de  que Moisés vuelva, pues está en el monte hablando con Dios desde hace muchos días,  y quieren que les oriente y vaya  delante de ellos una representación del que les salvó del Faraón;  piden a Aarón  que fabrique  un  dios.  Este  accede  y,  con los adornos de oro que llevaban, les hace un becerro. Dios se muestra irritado,  a la manera humana,  y quiere destruir a los que han incurrido  en  idolatría.  Moisés intercede para que no  se  realice  el  designio  divino.  Por este pecado  estarán cuarenta  años  en el desierto  y morir antes de entrar en la Tierra Prometida.  Moisés rompe las piedras donde  estaba  grabado  el  decálogo,  ya  que el pueblo  ha  roto  antes  su  alianza  con  Yahveh.  En el desierto reencontrarán  el sentido de pueblo  cuya cabeza es Yahveh y Moisés su imagen. El caudillo Moisés,  pide a Dios poder verle:  “Déjame ver, por favor, tu gloria[6] y éste le responde: “Yo haré pasar ante ti toda mi bondad… pero mi rostro no podrás verlo;  porque no puede verme el hombre y seguir viviendo”.(Deut 33, 19-20)[7]

Una y otra vez, aún después de la terrible experiencia del desierto, el pueblo quiere ver ese dios fuerte que le ha  sacado  de  la  esclavitud;  pero Dios  no quiere ser representado por figuras  hechas por mano de  hombre como se ve repetidamente a lo  largo de  toda  la historia del pueblo hebreo. “­Tu becerro repele, Samaría! Mi cólera se ha  inflamado  contra  ellos:  ¿hasta  cuándo  no  podrán purificarse? Porque viene de Israel, un artesano ha hecho eso,  y eso no  es  Dios.  Sí,  quedar   hecho  trizas el becerro de Samaria.” (Os. 7, 5s).

Los capítulos  13  y 14  del libro de la Sabiduría son una dura  crítica a la  idolatría que se  alimenta  en la visualización y la  tridimensionalidad  de  objetos viles convertidos en divinidades,  como es el caso de un tronco de  árbol “torcido  y lleno de  nudos”  al que  “le da el parecido de una imagen  de hombre o bien  la semejanza de algún vil animal.  Lo pinta de bermellón, colorea de rojo su cuerpo  y salva todos sus  defectos  bajo  la  capa de pintura.”  (Sab.  13b-14).

Dios les había dado  una  señal  de  su  presencia  en  la misericordia, manifestada cuando  les  curó  de  las  picaduras  de las serpiente en el desierto,[8]  después de haber desconfiado de su poder:  La serpiente  de bronce sobre un  mástil es símbolo de la cruz de Cristo,  el rostro de Dios para los cristianos.  Dice S.  Pedro Crisólogo:   “Oye lo que dice el Señor: “Ved, ved en mí vuestro propio cuerpo, vuestros miembros,  vuestras  entrañas,  vuestros  huesos, vuestra sangre…  Sea Cristo  el  casco  de  protección  para tu cabeza;  que  la cruz  se mantenga en tu  frente como una defensa.”[9]

 

 

[1] CF S. Ambrosio en Carta 41.-“No me diste tú el ósculo de la paz; y ésta, desde que entré no ha cesado de besarme los pies.” (Lc 7, 45)… Besamos, por tanto a Cristo con el ósculo de la comunión. “El que lea que entienda”. (Mat 24, 15) –CIT Textos Euc,. Prim. P 391.

[2] Se tratará de nuevo el tema en el aspecto histórico.

[3] CF S. Basilio Magno, Regla Monástica Mayor: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo honró con el conocimiento de sí mismo, lo dotó de razón por encima de los seres vivos, le otorgó poder gozar de la increíble belleza del paraíso y lo constituyó, finalmente, rey de la creación.” CIT Libro de las Horas, P 96.

[4] Mosaico de la Sinagoga de Beth Alpha, Palestina. FG 31.5.

[5] Escena del Apocalipsis, P 223. Beato de Liébana, Museo Diocesano. (FG 29.4). Y Fresco de la iglesia de  Saint-Savin-sur-Gartempe (S. XII) (FG 3.1). en el primer caso Cristo está sentado en el centro sobre un trono en un escenario enmarcado por un arco sobre columnas y por encima asoman cincuenta y un rostros que enarbolan veinticuatro alas –referencia a los 24 ancianos del Apocalipsis-. La segunda escena representa la ciudad santa de Jerusalén, con el arca en su interior, por encima de todo, rodeada de un círculo sacro.

[6] CF Capítulo 33 del libro del Éxodo.

[7] CF Kaydeda, Los apócrifos y otros libros prohibidos. Su portada reproduce la ilustración apócrifa alemana del rostro de Dios por la parte posterior, su cabellera, visión simbólica de la que tuco Moisés.

[8] “Y dijo Yahveh a Moisés: “Hazte un abrasador (serpiente alada o dragón, según nota de la Biblia de Jerusalén) y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido por la serpiente y lo mire, vivirá”. (Num 21, 8).

[9] CF Libro de la Horas. Cit S. Pedro Crisólogo, obispo, sermón 108. (S. V).