3 EL ROSTRO

“Theophania id est divina apparitio[1]

1.1.-EL ROSTRO.

1.1.1.- DESCUBRIMIENTO DEL ROSTRO.

Los cursos  de  doctorado   impartidos  por  el Doctor Raimon  Arola,   de  la  facultad  de   Bellas  Artes  de Barcelona,   durante  los  cursos  académicos  1984-85  y 1985-86  sobre  “Simbología del templo  y  de  las formas naturales”,  han sido el fundamento y la  génesis de esta tesis.  Las ideas que estructuraron dichos cursos fueron: “Todas las formas hacen referencia a una sola realidad”, “Siempre vamos de lo visible a lo invisible”, “Del punto emana la creación”[2] “El hombre es una cruz entre el cielo y la tierra”, “La cruz es el esquema del templo”,”En el templo se reproducen las mismas funciones que en el hombre”.[3]

Lo que se  cumplía en  el  templo,  en general,  en el hombre  y en  las formas  todas,  podía cumplirse, de una manera diáfana,  en una etapa de la historia del arte, en el  románico.    El tema  ya  era,  en  sí,  un  punto de partida,  lo más importante, una forma visible por la que acceder a otras profundidades que la sostuvieran.

El  curso paralelo  sobre “el modelo”  y el “entorno”, con el Dr.  F.  Hernández, acabó de perfilar el camino yel método que debía seguir en este trabajo: El rostro era el “modelo” simbólico del románico; el sistema, el que me aproximara de una manera más directa al modo de pensar de la época medieval.[4]

El tan difundido rostro del Pantocrátor de S. Clemente de  Taüll  se  me  “apareció”    contemplando  al  hombre románico:  éste se sentía mirado y el  hecho condicionaba su existir y las  manifestaciones  artísticas inherentes. Vi la posibilidad de referenciarlo, de aportar pruebas de que  en el románico,  y fundamentalmente en el rostro del románico,   se halla la esencia del arte religioso  de la época  medieval.  Porque todo  él  es un rostro.  Este se halla  visible  o  latente  en  todas  partes;  desde las pinturas murales hasta los capiteles, desde los frontales de altar hasta las letras  capitales de  los manuscritos, desde los Beatos a la estructura simbólica del templo.

 

1.1.2.- CONNOTACIONES “EMICAS” Y “ETICAS” DEL  ROSTRO.

Se tratar ,  en primer lugar, de ver si la experiencia que del rostro tenemos hoy es la misma  que alimentaba la cultura en que estaban inmersos ellos.  Las afirmaciones, “la cara es la expresión más completa de la persona”, “el rostro es el  espejo del  alma”,  “la cara simboliza a la persona”,  ¿significan lo mismo hoy que en la Edad Media? Desde  el  primer  momento nos  pareció  que  no debíamos traspolar interpretaciones y diferenciar lo  émico  de lo ético;  lo que yo puedo interpretar desde mis coordenadas y lo que realmente motivó la mente del arista románico en su tiempo y desde su entorno.

La importancia que hoy damos a  la  cara  es evidente. Existe una verdadera  cultura  del  rostro  y  también un culto   al   rostro.    Encendamos   la    televisión   y comprobaremos  ambos  asertos:  un  rostro  parlante  nos muestra  a otros rostros y todos  ellos  están acicalados para tal evento  y,  entre noticia y noticia,  un “spot” publicitario anuncia unas  cremas “rejuvenecedoras”.

El ser humano se diferencia de los demás  animales -si a  lo  exterior  nos   referimos-   sobre  todo   por  el rostro.  Se identifica a las personas por la  cara: todas las caras son diferentes. La apariencia más importante de los carnés de identidad es el retrato del interesado. La cara  del  ser  amado  se  lleva  en  la  cartera,  en el salpicadero del coche…  Quien ha querido y podido se ha hecho hacer un  retrato “al óleo”  o  se  ha retratado él mismo. Los ejemplos se repiten, desde la antigüedad a los tiempos actuales,  en busca de  la   trascendencia  en el recuerdo.

Buscar la semejanza del personaje retratado ha sido una aspiración constante que ha  sido  alentada  por el ansia de  ser  conocido,   de  perdurar  en  el   recuerdo,  de inmortalizarse o de inmortalizar…  Todas estas razones, aducidas para justificar la representación facial, podían o no  ser  las  mismas  que  imperaban  en  la  ‚poca que deseábamos  estudiar.  De inmediato se  nos presentó algo que diferenciaba fundamentalmente la Edad Media y nuestra época:  la  “mentalidad”.  En  aquélla,   las estructuras social  y  religiosa,  eran  vasalláticas;  el  motor, la directriz que movía la  mano de los  artistas, artesanos, arquitectos,  artífices todos,  les impelía a representar un rostro acorde con su estructura.[5]

El día 19  de junio de este año se abrió en París una gran   exposición   dedicada   al   rostro   humano,  con aportaciones de  los cinco continentes,  y en  la  que se analizaba el rostro bajo tres aspectos,  uno de ellos nos interesó principalmente,  “la gramática  del rostro”, que presentaba la relación del hombre con  el infinito,  para establecer una especie de  “protección”  (dice la noticia del periódico), mostrándose en él las máscaras griegas  o del  teatro N,  las  estatuillas  de  Le  Brun,  un vaso precolombino,  etc.,  y en el  que nosotros colocaríamos,sin duda,  el rostro románico y completaríamos el epíteto “protección”  con el de “proyección”. Otros dos aspectos, estructuraban    la  muestra,  Le chahut  (jaleo), con el cubismo,  y el silencio, con cabezas reducidas,  fotos…

Esta exposición demuestra el interés actual por el rostro y el afán de analizar lo que con él se puede simbolizar y lo que es él mismo,  desde la  mentalidad de hoy y  en un intento   de  aproximación  a   lo  que   otras  culturas realizaron en esta misma dirección.[6]

[1] Honorio d’Autun, Clavis Physycae, fol. 7º. VIT Clefs de l’art roman, P 284 .[2] “Un home vell i savi és, estrictament, l’home primordial, Adam, que va ser fet del fang vermell del centre i que allí rep l’alè de Déu.” CF Arola R, L’Arbre, l’home, el temple, P 6. [3] La copa de l’arbre, el cap de l’home i l’absis del temple, corresponen al cel, mentre que les arrels de l’arbre, els peus del’home i la porta del temple corresponen a la terra. Al mig hi ha el cor, que irradia armonía i dona a les formes de la terra una imatge/plànol del cel,” IBID. [4] La relación de entorno psicológico y físico con sus condicionante determinarán conductas diferentes y resultados representacionales conforme a tales presiones. CF Hernández F, Remesar A. y Riba C., En torno al entorno. [5] Según  Von Schlosser las monedas de la antigüedad “no son retratos del individuo, sino de la idea del individuo, del universal propiamente, con esto hemos entrado en la Edad Media.” CF El arte de la Edad Media, P66. [6] CF periódico El País, domingo 21 de junio de 1990.